Alicia Rodríguez es una logopeda especialista en voz y miembro del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid. Hemos charlado con ella para que nos explique qué problemas se derivan de la costumbre de hablar demasiado alto, tan frecuente en nuestro país. Y aprovechamos para pedirle unos consejos que nos ayuden a enseñar a los niños a no gritar y a utilizar el tono apropiado.

Como veremos a continuación, comunicarnos a voces puede ocasionar, entre otras cosas, una disfonía, es decir, una dificultad para producir sonidos o un cambio en el tono o la calidad de la voz. Por eso, el primer paso sería preguntarnos qué nos impulsa a hacerlo.

¿Por qué los niños tienden a hablar a un volumen tan alto?

A.R.: Normalmente hablan alto por imitación: los padres en casa hablan alto y el profesor en el colegio también. Y para hacerse escuchar. Pero a veces hay que prestarles más atención y avisarles de que el subir el volumen de voz no hará que se les escuche mejor. Otro factor que influye es el relacionado con los ruidos externos en el patio del colegio, en el aula, en la calle, en casa (música, televisión) o en cualquier otro lugar.

¿Y es posible que en algunos casos se deba a un trastorno o a un problema de salud?

A.R.: Sí, claro. Se puede producir una falta de control audiovocal en niños que tengan problemas de discriminación auditiva, retraso del lenguaje, respiradores bucales, deglución atípica o dislalias fonológicas, entre otros. Aunque hay otras causas, como el estrés psicoemocional.

¿Qué efectos tiene para ellos este hecho?

A.R.: Tiene consecuencias negativas, pues podrían tener dificultades para comunicarse por falta de voz, lo que daría lugar a potenciales conflictos psicológicos y sociales.

¿Qué problemas pueden desarrollarse a largo plazo?

Son variados. La afonía es uno de ellos. Consiste en la pérdida total de la voz como consecuencia de un proceso inflamatorio causado por una gripe, una laringitis, una faringitis o alguna otra infección. O podría estar derivada de un conflicto psicológico. También se da en parálisis laríngeas.

La disfonía funcional es otro de los trastornos posibles. Se caracteriza por incoordinaciones fono-respiratorias y pueden ser hipotónicas —habitual en menores introvertidos, tímidos o perfeccionistas— e hipertónicas —más propias en niños extrovertidos, autoritarios o hiperactivos—.

Por último, tenemos la disfonía orgánica, que es un trastorno de la voz provocado por una lesión en el órgano vocal.

¿Qué consejos daría a los padres para que sus hijos aprendan qué tono deben emplear en cada momento y lugar?

A los padres les pedirá que sean un ejemplo en cuanto al volumen al que se dirigen a sus hijos. No deben hablarles desde otra habitación a voces, ni gritarles en la calle o en el parque. Tampoco es bueno el susurro; es necesario que utilicen un volumen normal.

Además, hay hábitos y situaciones beneficiosas para su voz que los padres deben promover, como respirar por la nariz siempre que estén en silencio, mantener limpias las fosas nasales y beber agua a una temperatura normal y frecuentemente.

«Por último, propiciar en casa actividades en silencio les ayudará a aprender a valorarlo.»

Lda. Alicia Rodríguez Martín

También es aconsejable enseñar al menor a identificar el momento en el que aparece la fatiga vocal. Evitar el exceso de actividades extraescolares y saber elegirlas en función de las limitaciones de los niños es otro aspecto que favorecerá el buen estado de su voz. Por último, propiciar en casa actividades en silencio les ayudará a aprender a valorarlo.